DESPEDIDA ETERNAL

Dedicado al prof. Rafael Guaroa Moreta Batista

Esta es la epístola que nunca remití. Quizá una osadía el dirigirme hacia usted. Las siguientes líneas, son un atrevimiento de un paraguas que le conoció siendo un abrigo. El verso sincero de un rayo de sol a medio día, que le conoció siendo perseida.

Infortunios de la vida, que, al saludar el sol, observando la hora en el celular y hojeando en mi agenda, al ritmo de un oprobio extrovertido, cuyo miedo me ha hecho cautivado, comprendo que no escucharé ya más las voces de un diamante humanizado . Ese diamante hecho carne, que decía: “Estrellita mañanera, resplandor en mis tinieblas; no me dejes sin las sombras de tus luces”, adornaba las mañanas.

Y resulta ser que los rayos perdidos, son de aquel tuvo, que, estado siempre húmedo, hoy yace vacío. efectivamente, hay seres que iluminan el sendero que nos toca recorrer. No obstante, se hace imposible no pensar, que los profetas no son luces de neón.

La gleba ignara, preparada no estaba; recibió y despidió a un lucero hecho hombre, al cual nunca conoció. Sin fusiles, sin armas, sin siquiera una bandera a media asta; lo vi partir hacia el palacio.

Pero el universo cantó y la danza de mil aves le dieron la bienvenida; y aunque las lágrimas del firmamento anunciaron su partida, la tierra explotó con danza de mil años.

El río detuvo su caudal por un instante y su alma habló sin palabras, mientras su cuerpo despedida a las hortensias del parque Duarte. Deslumbrando como los astros, Demóstenes resucitado volvió a abrazar la paz eterna.

Abuelo querido, mi dulce papá, que necesita de mi le preguntó, cuando sus ojos apagándose estaban y la fuerza de sus huesos se atenuaba, y su memoria poco a poco se ha agotado, y la hipoacusia bilateral más le afectaba, y su habla con el tiempo silenciado y la fibrosis infernal sus pulmones ahogaban.

Hija de mi alma, tiernamente responde, de ti necesito tanto, pero el viaje al cielo está pendiente. ¡Qué osado! viviste como el sol, que luminoso dejo sus huellas. Pero la figura no es completa sin la sombra, y la sombra no existe sin figura.

 No tengo la más remota idea de sí podrá ser posible, aun así estoy aquí para intentarlo, revestida del mayor axioma sapiencial que me legaste, te daré un hasta luego maestro amado.

Quién da lo que no tiene es una hipócrita y la hipocresía no es de almas nobles, el que dice que el corazón de la auyama solo lo sabe el cuchillo, no sabe lo que dice. Aún el cuchillo no es capaz de llegar al corazón de la auyama.

Gracias por abrir su corazón, aunque pocos lograron leerlo, su alma arderá con esternal llama, en el lateral superior izquierdo de mi pecho.

Gracias del alma abuelo.

De: Liz Belkys Alcántara